No podemos más, lo podremos todo

Hay días donde ya no podemos más, donde juntos resistimos lo terrible y somos capaces, colectivamente, de desobedecer el miedo y reconstruir la siempre frágil libertad. Es solo entonces, como en cualquier rincón del mundo que rechaza la opresión, cuando aún lo podemos todo. El pasado domingo, este pueblo se autodeterminó en la defensa civil y social de un referéndum de autodeterminación proscrito. Resistió una vergonzante violencia policial de persecución, planificada militarmente y deliberadamente represiva. Lo mejor de la gente desbordó lo peor de un Estado que nos niega el derecho democrático a decidir –libre y pacíficamente– nuestro futuro en común. Y que ya sólo dispone de la violencia institucional para intentar evitarlo. Saben que en condiciones democráticas, hace años que ya han perdido: por eso imponen el estado de excepción.

Frente a una represión que nos hace retroceder a tiempos infames que creíamos superados, miles y miles de personas pusimos nuestros cuerpos para defender las urnas y defender a la gente. Estos días convulsos –de dignidad, afirmación y resistencia– duraran años: hemos visto estibadores del puerto negándose a colaborar con la represión, bomberos interponiéndose ante las agresiones policiales para defender a la población civil, sindicalistas frenando el asedio, estudiantes vaciando todas las aulas para llenar todas las calles, todos los tractores de nuestros agricultores tomando avenidas, padres y madres defendiendo encarecidamente cada escuela –cada voto, cada urna, cada colegio electoral– y, muy especialmente, a las abuelas y abuelos que nos han dejado el gesto indoblegable y el testimonio indeleble de una dignidad granítica.

A pesar  del discurso de Estado, a pesar del cinismo criminal de sostener que nos protegen golpeándonos, a pesar de los 900 heridos y todos los golpes recibidos, miles de personas desarmadas resistieron pacíficamente toda violencia. Urnas contra armas, cuerpos contra porras, vidas contra el miedo. Infringiendo la más severa y múltiple derrota democrática – política, social, civil y ética– a un estado que nos golpea y agrede: cualquiera marcharía de allí donde le maltratan, allí donde no hay respeto. Ni vulneraciones de derechos ni impune brutalidad policial, ni porras ni balas de goma,  ni el autoritarismo represivo ni la doctrina del miedo ni la estrategia de la violencia han podido parar la determinación –serena, firme, calmada, conscientemente pacífica, tozudamente desobediente– de una sólida mayoría social democrática que quiere vivir en paz. Pretendían asaltar un país, secuestrar las urnas e impedir la democracia. La fortaleza de la gente, contra la fuerza del Estado, lo impidió. La razón democrática, contra todo, prevaleció ante la siempre siniestra razón de Estado. Y la ética de la desobediencia civil pacífica resistió todas las provocaciones represivas.

Hoy, nuevamente y una vez más, el movimiento obrero y los movimientos sociales protagonizan una nueva huelga general –laboral, social y política– para frenar la desbocada escalada represiva. Paramos el país para parar la violencia estatal. Y no deja de ser excepcional, que un país tenga que convocar un paro completo para poder recuperar la calma y la normalidad. En dictadura y en democracia, somos un país que ha avanzado siempre –en el terreno de las libertades democráticas, los derechos sociales y el reclamo de autodeterminación– con sucesivas huelgas generales. Hoy, más que nunca, sabemos que la violencia es la única estrategia de la que dispone el Estado para alterar la voluntad popular, violentar los anhelos de libertad y justicia social y desatar nuevos episodios represivos. És la estrategia que estamos ya neutralizando. Hoy lo hacemos parándolo todo. Para decirles que no van a poder con nosotros. Que ya han perdido.

Hoy, cerrando las calles para poder abrir el camino, somos ante todo una comunidad política en resistencia. Y es el momento urgente de agradecer a los trabajadores y trabajadoras de este país, a cada barrio, a cada municipio y a cada una de las solidaridades recibidas desde el Estado y desde todo el mundo, vuestro apoyo. Nunca podremos estar lo suficientemente agradecidos. Y sólo podemos deciros que, granito de arena, que intentando defender nuestra libertad no hacemos nada más que defender la libertad de los otros y la libertad y la justicia para todos los pueblos del mundo. 

Cuando la dignidad se hace calle, cuando la desobediencia civil pacífica toma conciencia, cuando no callamos, cuando nos protegemos los unos a los otros, cuando autotutelamos la democracia y cuando autodefendemos la libertad, todo es posible todavía. Hoy, desde abajo a la izquierda, os decimos que no nos han dejado mes remedio que perder el miedo –contra el miedo y a pesar del miedo. Que sólo nos han dejado el miedo a fallar y no estar a la altura de la libertad y la justicia que, insistentemente, reclama nuestro pueblo.

Por eso nos hemos rebelado y alzado ante la vergüenza de Europa. Tomando la humilde decisión de no retroceder. Porqué por encima de todo, queremos vivir. Y –hoy, ahora, aquí– la libertad es ya inaplazable. Y su defensa, la más elemental cuestión de dignidad humana. Nos vemos en las calles del mundo. No han pasado. No les dejaremos pasar. No pasarán.

Estamos porqué estáis. Resistimos también por vosotros. Por todos los pueblos y trabajadores y trabajadoras del mundo. Por respeto y dignidad. Y, alzados y en medio de la calle, os damos las infinitas gracias por vuestra incansable solidaridad.

Con la cabeza, con el corazón y con el puño cerrado.
Ya no podemos más. Por esto lo podemos todo. 

 


Candidatura d'Unitat Popular
Països Catalans, 3 de octubre de 2017