Nosotros contra el fascismo de Daesh

Artículo de Benet Salellas

Lo peor que nos podría pasar como sociedad es pensar que los dolorosos atentados del 17-A son una especie de catástrofe natural, una inexplicable calamidad caída del cielo. Los atentados son una barbaridad injustificable, es evidente, pero responden a vectores y contextos que acaban generando el peligro que puedan aparecer. Nos hará falta pues  incidir en ello de manera profunda sino, desgraciadamente, corremos el riesgo de que se puedan repetir aquí y en otros lugares. 

Ayer miles de personas recorrimos las calles de Barcelona en diferentes marchas y bloques para protestar en contra de los acontecimientos. Detrás de un lema espontáneo e inocente como “No tengo miedo” se refugiaron las principales autoridades políticas, incluído el Rey y el gobierno español, en un intento de construir un nosotros absolutamente neutral y acrítico  frente al terrorismo, a los autores de la matanza y a la ideología autoritaria. Un nosotros exclusivamente emocional. No podemos compartir esta mirada. Daesh nos ha golpeado y queremos combatirlo decididos y con firmeza, sin atisbo de duda. Sin embargo, más allá de la emoción, sólo lograremos fijar garantías de no repetición si podemos abrir el debate sobre el contexto, la geopolítica y las causas más profundas de estas acciones. 

Cuesta mucho estar al lado de Mariano Rajoy en una manifestación contra Daesh cuando él mismo era el Vicepresidente de un gobierno que protagonizó el Cuarteto de las Azores y el ataque ilegal contra Irak el 2003. Ataque que se justificó con la mentira de la existencia de armas de destrucción masiva (lo explica detalladamente el informe hecho por la Comisión Independiente Chilcot el 2016) y que fue seguido de una ocupación que devastó el estado iraquiano y  generó el caos embrión de Daesh. Un ataque, el del gobierno Aznar- Rajoy, para expoliar los recursos naturales del país a costa de más guerra y dolor en Irak y la región. Éste es el mismo gobierno que, junto al monarca, mantiene negocios de armas por doquier en el planeta y también en Arabia Saudí y Turquía, hoy aliados políticos y financiadores de Daesh… Ésta es la geopolítica que siembra la semilla de hechos como los acaecidos en Barcelona y Cambrils. Por eso decimos vuestras guerras, nuestros muertos. Y estos días resulta curioso leer cómo se invocaban las manifestaciones contra la guerra del 2002 y 2003 para llamar a la movilización contra los atentados, silenciando que aquéllas fueron grandes movilizaciones ciudadanas contra el gobierno del PP formado por los mismos que ayer desfilaron en nombre de la paz. 

Pero para que Daesh llegase a Cataluña es evidente que han contribuido otros elementos de carácter personal como el fanatismo, como la estrategia de las sectas, la vulnerabilidad en determinadas edades (cuatro de los seis muertos a tiros tenían entorno los 19 años), la difícil crisis de identidades que viven nuestros jóvenes, todos, pero que se agrava entre jóvenes de origen magrebí debido al contexto de racismo en el que vivimos…  Aquí los autores de los atentados quedaron fuera del nosotros. Y es que más allá de los esfuerzos de la buena gente, los maestros, las educadoras o los equipos de fútbol, en este país nos sigue atravesando el racismo, de forma invisible, así como nos pasa con el machismo, que nos cuesta percibir pero que comprobamos dolorosamente en cada feminicidio. Porque en casa convivimos diferentes comunidades, vivimos juntos pero no revueltos. Y por eso, en función de los orígenes de cada uno, del nombre, del color de la piel… no disponemos de las mismas oportunidades para dibujar los proyectos de vida. Y eso puede generar frustración y a la larga odio. Eso se llama capitalismo y afecta a todos, pero siempre se ensaña más con quienes se encuentran en los márgenes. 

El único antídoto al totalitarismo es reconstruir el nosotros con más comunidad, un único país como hemos dicho otras veces. Una sociedad empoderada con más igualdad y justicia; aquí y en cualquier otro lugar en el mundo; en política internacional y también en política social. Sobre esta idea queremos construir el nosotros entre todas aquellas personas que apuesten por luchar contra el racismo y contra cualquier forma de totalitarismo, y que sea inclusivo para todos; un nosotros que entienda que la política internacional tiene que basarse en la fraternidad de los pueblos y no en la sustracción de sus recursos naturales o en los intereses económicos de las oligarquías locales o regionales. Éste es el mejor nosotros para luchar contra el terrorismo.